viernes, 27 de mayo de 2016

DELIRIOS Y ENIGMAS DE EL BOSCO

UN ARTISTA EXTRAÑO PERO GENIAL

El Museo del Prado celebra el V centenario del gran pintor holandés con una exposición irrepetible que reúne 21 de las 25 obras atribuidas al más extraño de los artistas del siglo XVI

Antes o después se pasa por El Bosco. En el Museo del Prado y (quizá sin saberlo) en la vida. Pocos pintores levantan aún, cinco siglos después de su muerte, un enigma tan intacto. De El Bosco se desconoce casi todo. Exactamente todo, menos algún detalle suelto de su vida, de su mundo. Se llamaba Jheronimus van Aken y es un artista instalado en esa línea que va del terror a la fantasía y de lo moralizante al delirio se instala. Nació en la ciudad (hoy holandesa) de Hertogenbosch en 1450. Y a partir de ahí, conjeturas. También perturbación.

Aquel hombre del que apenas se conoce algún detalle suelto es uno de los creadores más explorados. El que mejor dispara la literatura en el otro. El que suma decenas de teorías sin perder el misterio. Desde la condición moralizante de su obra hasta la representación de los pecados capitales o la propensión admonitoria, El Bosco lo soporta todo. Y sale con la risa por delante. Es el hombre que funda la imaginería surrealista extrayendo del mundo su espesor satirizante. Haciendo palanca en lo real desde la libertad de quien se desliza por los rincones más oscuros de la imaginación, de la extravagancia y de la sospecha.

El Bosco, un creador tan de detalle, crece si pasea en conjunto. De ahí lo excepcional de la exposición que mañana [por el lunes] inauguran los Reyes en el Museo del Prado: El Bosco. La exposición del V Centenario, patrocinada por la Fundación BBVA y de la que es comisaria Pilar Silva, jefa del Departamento de Pintura española (1100-1500) y Pintura flamenca y Escuelas del norte de la pinacoteca.

De las 25 pinturas que se conservan del artista, el Prado acoge 21 en esta cita, además de seis dibujos. La mayoría de las piezas 'extranjeras' no se han visto antes en España. "La exposición es excepcional porque vamos a tener la mayor concentración de obras de El Bosco que se han reunido", sostiene Silva. "A lo largo de la historia hay hitos, como las exposiciones de 1967 en su pueblo natal y la de Rotterdam en 2001, pero en ninguna había piezas esenciales como El jardín de las delicias, que es del Prado. Así que ésta es una oportunidad única".

A los 12 años asistió al incendio de parte de su ciudad. Más de 4.000 casas ardieron. Aquella escena del fuego le acompañó siempre y se fue colando en sus tablas. Ya firmaba como Bosch y aprendía técnica en el taller familiar, donde trabajaba con su padre, sus tíos y primos. El misticismo prerreformista hacía nido en el joven aprendiz de pintor que hace cinco siglos generó una secuencia de imágenes prodigiosas que aún siguen cifradas, pero que aceptan interpretaciones infinitas, en dirección contraria a la rígida formalización académica que ha marcado el patrón de 'lectura' de este artista.

Resulta paradójico que un creador tan libertino mantenga en parte de su obra una voluntad tan moralizante. Sus trabajos sobre la pasión de Cristo, la representación de los Evangelios, el juicio final o los pecados capitales eran, a la vez, un extraordinario manifiesto de contradicciones. Aquel hombre capaz de pintar a los Reyes Magos con devoción representaba después un cerdo con hábito de monja. Sus obsesiones pasaban también por las escenas del infierno y del pecado (o sus alrededores). El carro del heno es una reflexión fastuosa sobre la vida mundana. Y La nave de los locos es un festival delirante que tiene también el pecado como bujía.

Detalle del Tríptico de Las tentaciones de San Antonio Abad

El Bosco es en sí mismo un género. Discípulos y seguidores lo copiaron. Su obra adquirió fama y atenciones cada vez más entusiastas. Y Felipe II se aupó como su más fiel coleccionista. Reunió en España un gran número de obras de su mano (seis conserva el Prado), pero sólo han llegado hasta aquí las que mandó trasladar a El Escorial.

Las extrañezas que desata El Bosco llegan también hasta el lugar de las dudas sobre la autoría de algunas piezas. El Bosch Research Project de Holanda desatribuye tres de las obras que conserva El Prado: Las tentaciones que de San Antonio, La mesa de los pecados capitales y El carro de heno. El Prado, después de estudios científicos, documentales y de historia del arte, rechaza plenamente los argumentos de sospecha.

Lo más cierto, lo aún exacto es que la exacta interpretación del trabajo de El Bosco es uno de los grandes caudales no sólo del arte, sino de la literatura. Y así seguirá. Y nunca mejor para adivinarlo que una exposición de cuerpo entero como la del Museo del Prado. Casi una explosión de libertad, de ironía, de sueños y temores.

Fuente: El Mundo - Antonio Lucas

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